Las razones que dejar a un lado y el tiempo extinto,
el vino tinto terminado y el reloj que marca la hora temprana,
el beso fugitivo y un te echo de menos tan sincero,
la tinta negra que araña y acaricia el contorno de tu olvido,
el periódico tendencioso y un tanto traicionero con ciertas verdades,
el placer de volver a verte,
la resaca de las copas adulteradas de ayer,
la buena frase que usar como fin de la conversación,
los consejos que nadie pidió y tanto valen,
el cuerpo agotado que se niega a hacer lo que le mandas/pides/ordenas,
la memoria que traiciona lo sucedido sin mala intención,
las bromas a tecla vista que asaltan ratos tardolentos,
la penumbra invernal de seis de la tarde este noviembre,
el que mas quisieras que ser la mitad de lo que aparentas o finges ser,
la hora acordada de la que no se acuerda nadie,
las vicisitudes que poco importan y menos cuentan cuando llega el cansancio,
la mirada vacía que hubo un tiempo estaba tan viva...
Con sus debacles y sus peores instintos,
con sus sonrisas, sus risas, sus alegrías,
y sus sonoros azotes.
Y es que el amor
no dudes tonta
que te quiero
va a trompicones
en octubres devastados.
Con sus poemas pegados a la nevera,
con sus reproches eco de día agobiante
y sus versos sonoros.
Con sus segundas copas de vino, con miradas relajadas, insinuantes y sensuales
y sus sonoros orgasmos.
Y es que el amor
no dudes tonta
que te quiero
va a trompicones
mezclados con mala leche.
Y es que el amor
no dudes tonta
que te quiero
va a trompicones
endulzados con besos revueltos
26.
Ni me gusta decir que si
como borrego
ni negarme a todo
por desprecio.
27.
Manchas de tinta
en las manos
(suciedad de poema).
28.
Lo que fue
fue
quedó atrás
29.
Dime lo que respondes
Día de calor
cerveza fría o Dom Perignon?
(...y te diré
si te escupo
o te invito)
30.
Con puntualidad
de metro parisino,
como casi siempre.
Tres tal vez que no sé donde colocar,
más los consejos que nadie escuchó,
y los poemas que se quedan sin palabras.
Los sinsentido que no lo son tanto,
las interrupciones que poco me gustan,
los tiempos que descuelgo.
Los benditos ojalás que se quedan sin hueco
sin respiro, sin tiempo
y que son promesa eterna que nunca sucederá.
Los nunca y los siempre
tan dramáticos, tan exagerados y tan mentirosos
casi siempre... casi nunca.
Un par de martes más tarde
contando con escucharte
pero no pudo ser.
El Domingo que defraudó
las esperanzas en un amigo
tiradas por el water
y el sábado que se perdió
entre tragos, risas
y bromas contenidas.
Una extraña semana
con moraleja que el tiempo
pondrá en su lugar
un par de frases para recordar
y otro tanto que ojalá
pudiese olvidar.
Y cuentos prometidos
que vuelven a la carga;
lágrimas contenidas en dos minutos de paseo
y los ojalás y las esperanzas
que mantener mientras sea necesario
confiando en un mañana
que nos junte de nuevo
ante una copa
o un café
para poder reirnos de esto
y de todo.